Hace unos días vi una charla de Victor Küppers donde decía que la gran mayoría de las personas no vivimos grandes tragedias, sino que simplemente tenemos situaciones que gestionar.

Y tiene toda la razón. Vivimos tan centrados en nuestro mundo, que no somos capaces de valorar todo lo que tenemos. En lugar de agradecer las muchas cosas buenas que nos suceden, pasamos el tiempo lamentándonos por lo que nos gustaría tener y no conseguimos.

No tener el último modelo de iphone, no poder salir durante el puente de viaje, que se nos rompa el coche, que pierda nuestro equipo de fútbol, sufrir una lesión haciendo deporte… ¡Que vida más injusta! ¿Cómo puede el destino ser tan cruel con nosotros?

Tragedias viven los niños que no tienen garantizado un plato de comida al día, las niñas que mueren por la picadura de un mosquito, las mujeres embarazadas que se suben en una barca hinchable para cruzar el mar en busca de una vida mejor, las personas que sufren enfermedades terminales o las familias que dependen de la caridad de otras para comer porque todos se encuentran en el paro.

Esa gente es la que debería tener derecho a quejarse. Pero lo más curioso, es que viven tan inmersos en esa lucha por mejorar su situación, que suelen ser los que menos se lamentan.

No digo que seamos conformistas, pero no podemos ser derrotistas. No podemos cambiar las circunstancias que nos rodean, pero si podemos cambiar la actitud con las que las afrontamos. ¿Conocéis de alguien que por mucho quejarse haya mejorado su vida? Yo conozco gente que cuando no le gusta algo, coge las riendas y decide volcarse en cambiar la situación.

Además, es curioso que cuanto más nos enfocamos en ayudar a los demás, más felices somos. Por varios motivos:

  • Al ver lo mal que lo pasa la gente, nos damos cuenta de lo afortunados que somos nosotros.
  • El cariño que transmiten, su agradecimiento, es una sensación increíble.
  • Para aquellos que ayudan a los demás, la vida se encarga de que le sucedan cosas buenas.
  • Es el mejor ejemplo que podemos dar a las generaciones más jóvenes.

Soy muy crítico con el término «Estado del bienestar». Creo que ha hecho mucho daño a nuestra generación. La línea que marcaba cuales son nuestros derechos fundamentales, un hogar, un trabajo digno, una educación de calidad, etc. Se ha convertido en una línea borrosa, donde la población confunde los derechos fundamentales con privilegios de carácter secundario. El estado del bienestar ha borrado de nuestro diccionario la palabra ESFUERZO. Creemos que tenemos derecho a todo y por eso vivimos frustrados. Derecho a tener un coche nuevo, el último smartphone, viajar todos los meses, ropa nueva cada año o el último modelo de bicicleta. Y eso hay que ganárselo. Y mientras llega, debemos disfrutar y ser agradecidos de lo mucho que ya tenemos.

«Una vida feliz no consiste en la ausencia sino en el dominio de las dificultades»

Hellen Keller

Rara vez la vida nos pone delante de desafíos para los que no estamos preparados y de los que no podemos salir airosos. Por lo tanto, dejemos los lamentos y disfrutemos del camino. Seamos agradecidos.

Publicado por Toni Garcia

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